Divulgar en tiempos modernos

Divulgar en tiempos modernos

20 noviembre, 2017 Política Científica 0

Escribo este artículo tras leer un post de uno de los mejores y más activos divulgadores sobre Astronomía en español, Ángel López: el Lobo Rayado. En este artículo titulado “¿Por qué divulgo ahora menos en el blog?”, Ángel analiza las razones por las que no ha podido estar tan activo en divulgación en el último año. Muchas de las razones que él esgrime creo que son aplicables a todos los astrofísicos que intentamos hacer algo de divulgación. En particular, quiero destacar aquí tres puntos de los que él menciona: 1) no tenemos plaza fija, 2) el impacto de las redes sociales y 3) un poco de desilusión. En realidad, mi actividad en Eppur si Muove en el último año ha sido también, por desgracia, bastante baja. En lo que viene, me gustaría dar mi punto de vista y poner algunas cifras sobre la mesa para intentar entender el porqué de este descenso en la actividad divulgadora de algunos de los autores de los blogs más seguidos en lengua española.

El descenso de la actividad divulgadora de los científicos-divulgadores tiene dos causas obvias: la escasa inversión en ciencia y la proliferación de la cultura del “me trago cualquier cosa que leo en las redes sociales y no voy más allá porque mi vida no me da para estar leyendo todo el día”

Las tres razones anteriormente mencionadas tienen, desde mi punto de vista, dos causas obvias: la escasa inversión en ciencia y la proliferación de la cultura del “me trago cualquier cosa que leo en las redes sociales y no voy más allá porque mi vida no me da para estar leyendo todo el día”. Y en realidad, sin darnos cuenta, ambas están relacionadas. Nótese que la segunda de las causas señalada no pretende ni mucho menos culpar al lector de no tener tiempo para leer nuestras historias. Al contrario, en una época en la que la gente necesita tener dos trabajos para vivir al mismo nivel que hace una década, en la que la celeridad de los acontecimientos y el exceso de obligaciones en nuestra vida diaria no nos permite sentarnos cinco minutos al día para reflexionar y en la que para estar conectados con el mundo tenemos que estar pendientes de unas redes sociales a las que si no te conectas al menos una vez por hora, ya te has perdido las últimas novedades de amigos, familia o personajes públicos; en esta época, la culpa no puede ser del lector sino del sistema globalizado, que avanza a un ritmo trepidante y en el que la educación científico-humanista no es, por desgracia, una prioridad para nuestros gobiernos.

Os contaré que la actividad divulgadora no está reconocida entre los méritos que ha de tener un científico para conseguir una plaza fija. No se valora, no se reconoce y además el tiempo que empleamos en ello no lo empleamos en hacer nuestra propia ciencia y sacar artículos que, al final, es lo que sí se valora. Esto significa que lo hacemos “por amor al arte”, porque amamos la ciencia y porque creemos que una sociedad culta y cultivada en todas las ramas de la ciencia y el humanismo siempre será capaz de tomar mejores decisiones. Esto, sin embargo, no quita para que reivindiquemos la importancia de la divulgación. Parte de nuestros impuestos (aunque una parte muy pequeña como pudimos ver en el último análisis de los Presupuestos Generales del Estado del el diario.es) es destinada a las investigaciones científicas. Por ende, nosotros los científicos debemos sentirnos en la obligación de devolver a la sociedad lo que descubrimos con sus recursos. Y el Estado, por su parte, ha de procurar que lo hagamos facilitando que podamos tener tiempo para divulgar y reconociendo la divulgación como mérito para la consecución de plazas.

“…los científicos debemos sentirnos en la obligación de devolver a la sociedad lo que descubrimos con sus recursos.”

Además de todo esto, y a pesar de que no escribimos para tener más visitas y más reconocimiento sino para tratar de acercar la ciencia al gran público y así ayudar a construir una sociedad más librepensadora, curiosa y a la vez crítica, es en cierto modo desilusionante ver cómo a ese gran público le interesa muchísimo más, por ejemplo, ver/leer blogs sobre teorías de la conspiración/ufología/astrología que leer nuestros artículos. Esto queda claro si comparamos, por ejemplo, el número de gente que lee el horóscopo o que va a que le “lean la mano” (mucha más de la que te piensas), con el número de visitas a las páginas de divulgación científica. Como divulgadores, debemos preguntarnos qué estamos haciendo mal y si hay algo que esté en nuestras manos para revertir esta situación o si la solución ha de venir de estratos superiores para inyectar este interés por la ciencia y el humanismo desde el colegio.

Por último, las redes sociales nos han dado una de cal y una de arena. A la vez nos ha permitido llegar a muchísima más gente pero nos han robado el tiempo de esa misma gente. Pongamos un ejemplo práctico. En el caso de los resultados de las ondas gravitacionales presentados hace pocos meses y que resumí en este artículo, encontramos titulares en prensa o tweets del estilo: “Encuentran dónde se crea el oro” o “Hallan una explosión de estrellas que genera 20 veces la masa de la Tierra en oro”. Por el contrario, nosotros leemos los artículos científicos en los que se publica el descubrimiento y trasladamos los resultados desde un punto de vista menos sensacionalista y más objetivo. Si el lector lo hiciera, se daría cuenta en este caso, por ejemplo, que la cantidad de oro generada en la fuente de ondas gravitacionales no la podemos saber y que esas cifras están basadas en modelos no contrastados observacionalmente. ¿Entrarías a leer este tipo de artículos o te quedarías en los titulares? Lamentablemente y dadas las cifras de visitantes únicos en los blogs, la respuesta es que la mayoría de la gente se queda en los titulares sensacionalistas.

¿Está obsoleta la figura del divulgador-científico y debemos dejar paso a grandes medios especializados?

En definitiva, en un momento en el que mucha gente tiene acceso a mucha información, parece que la información que recibe no es del todo rigurosa. La sociedad no tiene tiempo de leer toda esta avalancha de información y se limita a lo superficial. En este contexto, ¿qué debemos hacer los divulgadores? ¿Debemos cambiar nuestros métodos o adaptarlos a los nuevos tiempos del “todo en 140 caracteres”? Quizás. ¿Está obsoleta la figura del divulgador-científico y debemos dejar paso a grandes medios especializados como Materia o los propios departamentos de divulgación de las instituciones científicas? Es muy posible. En cualquier caso, Javier Fernández Panadero, en su artículo “A veces me pregunto si vale la pena…“, da una de las claves de por qué debemos seguir divulgando: “No divulgo para enseñar. Divulgo para aprender.”.

jlillo

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