Diario de la Luna | Capítulo 1: Despertar

Diario de la Luna | Capítulo 1: Despertar

10 octubre, 2016 Diario de la Luna 0

Me llamo Luna y no sé cómo he llegado hasta aquí. Llevo millones de años en este lugar, siendo la compañera de viaje de un planeta autodenominado Tierra y formando parte de lo que ahora sé que es un sistema planetario llamado Sistema Solar. Juntas, Tierra y yo, giramos en torno a un brillante objeto al que llamamos Sol. Llevamos haciéndolo mucho tiempo y tenemos la sensación de que Tierra ya estaba aquí antes de que yo llegara. Nuestra vida ha estado llena de momentos increíbles y las dos hemos cambiado mucho desde que nos vimos por primera vez. El principio fue un poco convulso, pero luego todo se tranquilizó. En este diario os quiero contar nuestra historia, o al menos la parte que recuerdo. Tierra tampoco se acuerda de nada de antes de que yo llegara así que intentaré hacer memoria de todo lo que nos sucedió y de cómo ambas hemos evolucionado hasta el día de hoy. Mi nombre es Luna y esta es mi historia.

Capítulo 1: Despertar

En algún momento hace alrededor de 4500 millones de años
En algún lugar del espolón de Orión en la Vía Láctea

Desperté entre millones de rocas rodeándome y golpeándome por todo el cuerpo. No sabía dónde estaba. No sabía quién era. Cuando abrí los ojos, la primera imagen que vi fue un punto de luz muy brillante y relativamente cercano, imponente ante cualquier otro objeto circundante, y que se erigía como dominador de esta parte del espacio. Sus rayos se abrían hueco entre una gran cantidad de peñascos de diverso tamaño. Parpadeé un par de veces para sacudir de mis ojos la gran cantidad de polvo y escombros que tenían. Miré a un lado y solo pude ver un fondo oscuro salpicado de brillantes puntos cuya luz era mucho más débil, más perezosa, como si estuviesen mucho más lejos. Unos pocos se movían rápido. El resto se mantenían inmóviles.

No fue hasta que miré hacia el otro lado cuando la vi. Una enorme esfera de roca incandescente a la que no dejaban de caer, cual gotas de lluvia, muchos de esos fragmentos que me rodeaban, que nos rodeaban. Con cada impacto, podía ver grandes erupciones de magma que saltaban hacia el exterior y que calentaban aún más a esa pobre esfera. Parecía más grande que yo y, aunque mi sensación era la de que ella giraba a mi alrededor, algo me decía que era yo quien giraba en torno a ella. Y no era solo yo, una gran cantidad de enormes rocas se mantenían orbitando a nuestro alrededor, chocando entre ellas de forma violenta. Muchas de ellas también caían hacia mí, aumentando mi volumen. Notaba que me ardía todo el cuerpo y no era para menos. Yo también estaba recubierta de magma a unos 1000ºC. Os dejo una foto que me hizo Tierra en esos momentos:

Ilustración del posible aspecto de la Luna tras su formación, cubierta por magma fruto de las colisiones de los objetos menores que dieron lugar a nuestro satélite. Crédito: NASA / GSFC

Ilustración del posible aspecto de la Luna tras su formación, cubierta de magma fruto de las colisiones de objetos menores que formaron nuestro satélite. Crédito: NASA / GSFC

Poco a poco las rocas que quedaban se fueron adhiriendo a Tierra y a mí hasta que solo quedamos nosotras dos. No sabíamos qué había pasado para que se formase tal algarabía. Tierra no se acordaba de nada, parecía muy aturdida y confusa. Pero no era momento de hablar, estábamos exhaustas y doloridas tras mucho tiempo recibiendo los golpes de aquellos enormes trozos de material. Ahora todo parecía algo más tranquilo. Tierra aún seguía teniendo un intenso color rojo, fruto de los impactos que derretían su superficie. Yo, derrotada, cerré los ojos y decidí descansar algunos millones de años. Y es que, aunque no lo sabíamos, aún nos esperaban momentos convulsos más pronto que tarde. Pero esa es otra historia que dejaremos para otro día…

Luna

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